Clima
¿Aguanta la aerotermia las heladas de Zaragoza?
Es la primera duda de casi todo el mundo aquí. Hasta dónde llega un equipo actual, qué pasa con el desescarche, cómo afecta el cierzo y por qué en Teruel el cálculo no es el mismo.
Publicado el · 8 min de lectura · Equipo técnico de Zaragoza Aerotermia

¿Funciona la aerotermia con las heladas de Zaragoza?
Sí. Los equipos actuales siguen dando calor con el aire a diez grados bajo cero, que es bastante más frío de lo que marca una madrugada normal de enero en el valle del Ebro. Lo que ocurre con el frío no es que la máquina deje de funcionar, sino que rinde menos y trabaja más horas.
Esta es la duda que más nos plantean en la visita, y se entiende: cuesta creer que se pueda sacar calor de un aire que está a cero. Pero eso es justo lo que hace una bomba de calor, igual que un frigorífico saca calor de dentro y lo suelta detrás aunque dentro esté a cuatro grados.
Lo importante
- El límite de funcionamiento de los equipos domésticos actuales está en torno a los 20 grados bajo cero.
- Lo que baja con el frío es el rendimiento, no la capacidad de calentar.
- La humedad da más guerra que la temperatura, y en Zaragoza hay menos de la que se cree.
- Un equipo bien dimensionado para el día más frío no necesita tirar de resistencia eléctrica.
¿Qué pasa cuando la unidad exterior se llena de escarcha?
Invierte el ciclo durante unos minutos, derrite el hielo y vuelve a calefactar; es un proceso automático y previsto, no una avería. Se llama desescarche y ocurre cuando el aire está frío y húmedo a la vez.
La escarcha se forma en el intercambiador exterior porque la máquina enfría ese aire por debajo de su punto de rocío. Si hay humedad, esa agua se congela sobre las aletas y tapona el paso del aire. El equipo lo detecta, invierte el ciclo unos minutos, funde el hielo y sigue.
Aquí Zaragoza juega a favor. El clima del valle es seco buena parte del invierno, y con aire seco la escarcha se forma mucho menos que en la cornisa cantábrica o en zonas de niebla persistente. La excepción son las mañanas de niebla del Ebro, en las que el desescarche sí entra con frecuencia.
Lo que sí conviene mirar es dónde va la máquina. Una unidad exterior colocada en una zona sombría, pegada a un muro y sin drenaje pierde muchas más horas desescarchando, y el agua que suelta acaba formando una placa de hielo en el suelo. Elevarla del terreno, dejarle aire por los cuatro lados y darle una salida al agua resuelve el problema antes de que exista.
¿Afecta el cierzo a la unidad exterior?
Sí, y es un factor que fuera de Aragón nadie tiene en cuenta: el viento sostenido sobre la unidad enfría el intercambiador y aumenta las horas de desescarche. Es una de las pocas cosas específicas de instalar aquí.
El efecto es doble. Por un lado, el viento arrastra el aire frío que la máquina acaba de soltar y lo devuelve contra el ventilador, lo que baja el rendimiento. Por otro, con rachas fuertes el ventilador trabaja contra el viento y le cuesta mover el caudal que necesita.
La solución es de montaje, no de catálogo: orientar la descarga del ventilador a favor del viento dominante, que aquí sopla del noroeste, y protegerla de la racha directa con un cerramiento que no cierre el paso del aire. Un paramento a la distancia adecuada basta. Encerrarla en un armario es el error contrario y se paga todo el invierno.
En las casas de la ribera y en las de campo abierto es donde más se nota. En un patio interior de la ciudad, casi nada.
¿Va a saltar la resistencia eléctrica todos los días?
No, si el equipo está dimensionado para el día más frío del año en tu zona. Cuando salta a diario es que la máquina se ha quedado corta, no que la tecnología no dé para tanto.
Todas las bombas de calor llevan un apoyo eléctrico. Su función es cubrir la punta de los dos o tres días extremos de la temporada y garantizar la producción de agua caliente en los ciclos de higienización. Si funciona más allá de eso, hay un problema de cálculo.
El error clásico consiste en dimensionar con la temperatura media del invierno en lugar de con la temperatura mínima de proyecto. Zaragoza capital no es Teruel, y Teruel no es Jaca: la misma casa en tres sitios distintos de Aragón pide equipos distintos. Por eso la potencia no se decide por metros cuadrados, sino con el cálculo de cargas de la vivienda.
Puedes comprobarlo tú mismo si tu equipo tiene histórico: busca las horas de funcionamiento del apoyo eléctrico. Si aparecen en noviembre o en marzo, algo está mal. En nuestras visitas de diagnóstico es lo primero que miramos.
¿Y en Teruel o en el Pirineo, donde hace bastante más frío?
Se instala igual, pero el cálculo cambia y el equipo suele ser de otra gama. Trabajar con mínimas de doce bajo cero no es imposible, es otro proyecto.
Con temperaturas así conviene reforzar tres cosas. La primera, la potencia a baja temperatura exterior, que es un dato distinto de la potencia nominal y hay que buscarlo en la tabla del fabricante. La segunda, la protección del circuito hidráulico frente a la congelación. Y la tercera, el aislamiento de la vivienda, porque en climas fríos la envolvente pesa mucho más que la máquina.
También cambia el planteamiento del agua caliente: en casas de uso ocasional, como las segundas residencias de montaña, el acumulador y el modo de ausencia se configuran de otra manera para que no esté calentando agua que nadie va a usar.
Puedes ver las zonas donde trabajamos y los rangos de precio por tipo de vivienda, y si estás mirando el cambio, comprueba antes las ayudas vigentes en Aragón.
Entonces, ¿es buena idea aquí?
En Zaragoza y su entorno, sí, y el clima seco es una ventaja real frente a otras zonas de España. El frío no es el problema; el problema es un cálculo hecho a ojo.
Resumiendo lo que de verdad decide el resultado: potencia calculada con la temperatura mínima de tu municipio, unidad exterior bien colocada respecto al viento y al drenaje, emisores que permitan impulsar agua a temperatura moderada y una curva de calefacción configurada por alguien que sepa lo que hace.
Si tienes dudas con tu caso, la visita y el presupuesto no cuestan nada. Escríbenos desde contacto y lo miramos.
Preguntas frecuentes
¿Hasta qué temperatura funciona una aerotermia?
Los equipos domésticos actuales siguen dando calor con el aire exterior en torno a los 20 grados bajo cero. En Zaragoza capital esa cifra no se alcanza, y en las zonas más frías de Teruel o del Pirineo se elige un equipo con la potencia comprobada a baja temperatura.
Lo que baja con el frío es el rendimiento, no la capacidad de calentar.
¿Qué es el desescarche y por qué se para el equipo?
Es un ciclo automático: cuando se forma escarcha en el intercambiador exterior, la máquina invierte el ciclo unos minutos, funde el hielo y vuelve a calefactar. No es una avería.
En el valle del Ebro se da menos que en zonas húmedas porque el aire es seco buena parte del invierno. Donde sí aparece con frecuencia es en las mañanas de niebla.
¿Influye el cierzo en el rendimiento?
Sí. El viento sostenido enfría el intercambiador y devuelve contra el ventilador el aire frío que la máquina acaba de soltar, lo que aumenta las horas de desescarche.
Se corrige en el montaje: orientando la descarga a favor del viento dominante y protegiendo la unidad de la racha directa sin encerrarla.
¿Se dispara la resistencia eléctrica con las heladas?
No debería, salvo en los dos o tres días más extremos de la temporada. Si el apoyo eléctrico aparece en noviembre o en marzo, el equipo se ha quedado corto de potencia.
El error habitual es dimensionar con la temperatura media del invierno en lugar de con la mínima de proyecto del municipio.
¿Se puede instalar aerotermia en Teruel o en el Pirineo?
Sí, pero con otro cálculo: potencia comprobada a baja temperatura exterior, protección del circuito hidráulico frente a la congelación y más atención al aislamiento de la vivienda.
En segundas residencias también cambia la configuración del agua caliente, para no calentar un acumulador que nadie va a usar.